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LUIS TALAVERA SALINAS
12/03/2009 00:00:00
Ya está entre nosotros el remake del quinto capítulo de la saga Dragon Quest, tan sólo unos meses después de que aterrizase la cuarta parte, y deseamos que solamente unos pocos antes de que llegue la sexta, cerrando una trilogía realmente espléndida en la portátil de Nintendo. Esperamos que os haya dado tiempo a pasaros DQIV: Capítulos de los elegidos desde su salida allá por el mes de noviembre, porque este juego también es de obligada compra para los amantes del género, más aún sabiendo que ninguna versión anterior de este juego (Super Nintendo en 1992 o su conversión para PlayStation 2 en 2004) salió nunca fuera de Japón.
Dragon Quest V nos cuenta una historia simple y directa, si bien es una de las más irresistibles dentro de la saga, el paso de un hombre por la vida, desde el mismo momento de su nacimiento (literalmente le veremos nacer), narrando su infancia y adolescencia, llegando hasta el punto donde debe elegir una esposa y fundar una familia. Todo este recorrido implica experimentar la tragedia, la alegría y por supuesto, el amor. Cada capítulo en que está dividido el juego corresponde a una etapa de la vida de nuestro héroe, donde se nos presentarán retos que deberemos desentrañar, al mismo tiempo que vamos descubriendo nuestra identidad y la verdad de nuestros orígenes. Una trama con los pies en la tierra, alejada en principio de otras más trascendentales y sobrenaturales que pueblan este mundillo, salida de la mente del gran creador Yujii Hori, y que perfectamente nos dará más de 30 horas de juego.
A nivel técnico...El apartado gráfico corre a cuenta del mismo motor que su antecesor, que ya era sobresaliente, fondos en 3D con sprites en 2D. Seguimos teniendo la opción de rotar la cámara y observar mejor los detallados escenarios (aparte de servir para resolver algún que otro puzle) que conservan, pese a todo, un look muy "Supernintendero". Dudamos que se pueda avanzar mucho más aquí sin acercarse al estilo de los remakes de Final Fantasy III y FF IV en completas tres dimensiones.
La banda sonora vuelve a cumplir con creces, y, aparte de las sinfonías "marca de la saga" que se oyen desde el primer capítulo, contamos con un buen puñado de nuevas composiciones de calidad. El mimo que reciben los Dragon Quest a nivel sonoro quizás solo pueda verse igualado por Final Fantasy. Cabe destacar de nuevo la revisión en la traducción del juego, añadiendo dialectos variados para diversificar sus personajes, algo que ya apreciamos en Dragon Quest IV y sus personajes con acento andaluz o de pueblo.
Al estar basado en la versión de PS2, este remake para Nintendo DS conserva cambios que se hicieron para ella, como el aumento del grupo que llevaremos en las batallas de 3 a 4 personajes, aunque la dificultad del juego no lo requiera. Complementando este detalle existe una marca de la casa: cuando morimos somos transportados a la iglesia más cercana, sin perder la experiencia que habíamos ganado, pero si la mitad de nuestros ahorros (las iglesias siguen siendo el único lugar del mundo DQ donde se puede guardar la partida).
Por su parte, la pantalla táctil es la gran olvidada de esta versión; no tiene ningún peso en las posibilidades del juego salvo su uso en un juego del casino.
Creando escuelaHablaremos ahora de una de las opciones del juego que bien pudo sentar un precedente en el futuro de la industria de entonces: la captura de monstruos. Prácticamente todos los monstruos del juego pueden ser reclutados en nuestro grupo, luchar junto a nosotros y subir de nivel hasta ser convertidos en auténticas bestias pardas. Me da en la nariz que esta característica supuso el nacimiento del fenómeno Pokemon, pues recordemos que este juego data de 1992, muy anterior al bombazo de Nintendo que continua hoy día.
En fin, si guardáis parte del aguinaldo navideño os recomendamos encarecidamente que visitéis la tienda de videojuegos más cercana y os hagáis con este clásico atemporal, que ha resistido el paso de los años como pocos juegos, con una historia llana y accesible para todo el mundo como es el discurrir de la vida; una fábula inocente y muy disfrutable.